sábado, marzo 24, 2012

Santo Romero de las Americas

Oscar Arnulfo Romero

 Un Dia como hoy en 1980, celebrando una misa en una pequella capilla en el centro de la ciudad de San Salvador, muere con un disparo a la altura del corazon Oscar Arnulfo Romero el mas universal de todos los salvadoreños, pastor, martir y santo de toda America Latina.


Como salvadoreña que soy, siento un gran orgullo y al mismo tiempo una gran tristeza de saber como, en ese tiempo cuando mi pobre pais estaba pasando por lo que seria el comienzo de una guerra civil que duro 12 años, este hombre lo unico que queria era la Paz.


Desde muy pequeño sintio el llamado de Dios para ser sacerdote, y asi lo hizo,fue un sacerdote correcto durante muchos años, ser un sacerdote calmado y estar siempre en el margen de lo que debia hacer le ayudo mucho.





Cuado el llego a la maxima autoridad del pais como Monseñor 1977, se produjo uno de los
fraudes electorales más burdos de la historia salvadoreña en favor del partido de los militares seguido de una masacre en el centro de San Salvador contra el pueblo que reclamaba.

Son pocos los seres humanos que se quitan ellos mismos el suelo de debajo de los pies cuando ya son viejos. Cambiar seguridades por peligros, y certezas amasadas con los años por nuevas certidumbres, es aventura para los más jóvenes. Los viejos no cambian. Es ley de la vida. Y es ley de la historia que en la medida en que una autoridad tiene más poder, más se aleja de la gente y más insensible se le vuelve el corazón. Oscar Romero ya era la maxima autoridad del pais fue cuando mas se acerco al pueblo salvadoreño, y cuando mas viejo estaba cambio su seguridad por peligro.




En los tres años al frente del Arzobispado de San Salvador nace, crece y se desarrolla la personalidad profética de Monseñor Romero. Eran tiempos de una creciente organización popular. Y en respuesta, de una cruel represión gubernamental contra el pueblo y específicamente, contra miembros e instituciones de la Iglesia. No hay Iglesia en América Latina con más extenso y prolongado record de martirio que la salvadoreña en aquellos años.
Las homilías que domingo a domingo Monseñor Romero pronunciaba en la Catedral de San Salvador se convirtieron pronto en la palabra más libre, más acertada y más autorizada del país. Hacia adentro y hacia afuera. La figura del Arzobispo se agigantaba internacionalmente y sus homilías lo transformaron en el altavoz del pueblo salvadoreño en lucha por la equidad y la dignidad.
Aquel hombre de apariencia insignificante logró que los ojos del mundo y la solidaridad de millones de corazones se volvieran como nunca antes hacia su pequeño país.
Son homilías larguísimas -hasta de dos horas o más- y muy densas teológicamente. Son una permanente catequesis. Y son también un "periódico semanal": no hubo hecho de la vida nacional, no hubo señal de violencia o síntoma de esperanza, no hubo violación de los derechos humanos, que quedara fuera de su valoración de pastor. La Catedral de San Salvador se atestaba todas las semanas para escucharlo y para aplaudirlo. Era un fenómeno de masas. Sus mensajes alimentaban la esperanza colectiva.

En 1979 con la esperanza de una pequeña ayuda Romero viajo a Roma y hablo con el Papa Juan Pablo Segundo, y dandole todos los argumentos de los momentos duros que estaba pasando la iglesia catolica y el pueblo salvadoreño y con el deseo de escuchar un palabra de aliento, el Papa lo unico que le puedo decir a Romero fue: Usted, señor arzobispo, debe de esforzarse por lograr una mejor relación con el gobierno de su país. Monseñor Romero lo escucha y su mente vuela hacia El Salvador recordando lo que el gobierno de su país le hace al pueblo de su país. La voz del Papa lo regresa a la realidad. Esto fue tan frustrante para el que lo unico dijo fue: No regresare a Roma el Papa no me entiende.

Monseñor Romero jamás cuidó su seguridad personal y jugó hasta el último momento con todas las barajas abiertas. Tenía plena conciencia de que querían matarlo. Y no quería morir. "Nunca le he tenido tanto amor a la vida, quiero un poco más de tiempo, yo no tengo vocación de mártir", le dijo a un amigo en sus últimas semanas.
El domingo 23 de marzo se reunió por última vez con su pueblo en Catedral y al término de la homilía lanzó un apasionado e histórico llamado: Yo quisiera hacer un llamamiento de manera especial a los hombres del ejercito, y en concreto a las bases de la guardia nacional, de la policía, de los cuarteles. Hermanos, son de nuestro mismo pueblo, matan a sus mismos hermanos campesinos y ante una orden de matar que dé un hombre, debe de prevalecer la Ley de Dios que dice: NO MATAR... Ningún soldado está obligado a obedecer una orden contra la Ley de Dios... Una ley inmoral, nadie tiene que cumplirla... Ya es tiempo de que recuperen su conciencia y que obedezcan antes a su conciencia que a la orden del pecado... La Iglesia, defensora de los derechos de Dios, de la Ley de Dios, de la dignidad humana, de la persona, no puede quedarse callada ante tanta abominación. Queremos que el Gobierno tome en serio que de nada sirven las reformas si van teñidas con tanta sangre... En nombre de Dios, pues, y en nombre de este sufrido pueblo cuyos lamentos suben hasta el cielo cada día más tumultuosos, les suplico, les ruego, les ordeno en nombre de Dios: ¡Cese la represión ... ! 

 Al día siguiente, 24 de marzo, cuando moría la tarde y mientras ponía punto final a la homilía de una misa. Un pistolero le disparó una certera bala explosiva que la atravesó el corazón. Cayó a los pies del altar y del lado de la vida. 





El pueblo recogió su cadáver y lo lloró como se llora al padre y a la madre.Fueron ocho días de duelo y de orfandad.
El Domingo de Ramos de 1980 los salvadoreños lo despidieron en una ceremonia multitudinaria, que fue
interrumpida por calculados disparos y bombas arrojados por los cuerpos de seguridad apostados en puntos estratégicos de la plaza. Fueron 40 los muertos y centenares los heridos. La misa quedó interrumpida y el entierro tuvo que hacerse de prisa.



Rotos los diques y sobrepasados los umbrales del respeto y la compasión con su asesinato -hasta hoy impune-, herido el pastor y dispersas las ovejas, aquel año 1980 fue trágico. Torrentes de sangre derramada injustamente empaparon todos los rincones de El Salvador. Al año siguiente se inició una
guerra que duraría doce largos años.
La sangre de Oscar Romero, mezclada para siempre con la del pueblo que amó y sirvió, no ha dejado de ser fecunda. El 1 de marzo de 1992, cuando terminó la guerra en El Salvador, una gigantesca manta colocada en lo más alto de Catedral acompañaba a la multitud que celebraba el primer día de la
paz y la libertad. Decía: "Monseñor, hoy resucitaste en tu pueblo". A 20 años de su martirio, El Salvador y Centroamérica le ofrecen a América Latina y al mundo, con legítimo orgullo, la vida y la entrega de la vida de un hombre ejemplar que puso todo el poder que tenía al servicio de la dignidad de los pobres y que sigue inspirando cambios, sueños y compromisos.

Cuando naci, esto ya era historia y lo poco que se, lo aprendi por mi madre y demas familia, que vivieron en esa epoca y tenian algo peculiar que contar. No recuerdo haber teniado algun tema en especifico sobre Romero en la escuela, creo que este tema se sigue tomando con bastante cautela en mi pais y nose por que. Lo que si me gusta es como Romero es conocido mundialmente, y antes de que yo muera deseo poder ir a visitar la estatua en su honor en la Abadia de Westminster donde esta entre los 10 principales martires del siglo XX.




Todo el amor y la esperanza que este humilde hombre nos dejo como legado es el mejor regalo al pueblo. Siempre te recordaremos con el corazon.




Algunos textos tomados de Monseñor Romero, piezas para un retrato
María López Vigil.

Ruben Blades cantante y compositor dedico una de sus canciones a Arnulfo Romero y a la situacion en latinoamerica en esos años: